• Las espinas del alma

Aceptación

Habláis de las espinas del alma como si fuera algo ajeno a vuestra propia realidad; no os dais cuenta de que es el juego que nos toca jugar, es la vida tal y como la recibimos y que debemos tomar. No hemos creado las reglas, lo hace nuestra propia humanidad, lo hace nuestro deseo de prosperar. Las muertes nos duelen, la de los nuestros y no tanto la de los demás, no la sentimos, seamos honestos, tan sólo deseamos aliviar nuestra conciencia pero las calamidades ajenas no tardamos mucho en olvidar. ¿Es ésta otra espina que atraviesa vuestra alma, es acaso esa insensibilidad de la que sois conscientes algo que hiere vuestra mente cuando os dais cuenta de que es una cruda realidad? Lloráis por las violaciones, clamáis por el abuso a los indefensos, todo eso y mucho más pero no cambiaríais esa realidad si un puñado de billetes cayera en vuestros bolsillos tan llenos de necesidad. Pues vuestra propia esencia pugna por mantenerse a flote y las desgracias del mundo en nada la afectan ni la habrán de afectar. 

Sois parte de las espinas del alma, todos vosotros, los que tanto exigís un mundo amable, los que propagáis a los cuatro vientos que el mundo podría ser un lugar mejor si todos fueran como vosotros sois, si la gente como yo acabara en la orilla del río del olvido y no aceptáramos la vida tal y como es pues consideramos que de otra forma no puede ser. Sois parte de las espinas, digo, lo sois porque cuando vuestro futuro lo requiere, el monstruo que portáis surge con la fuerza de un ciclón, como el mío, como el de cualquiera que sufre si tuviera la oportunidad de una vida mejor. Todo depende de dónde nazcas, todo depende de la fortuna que nos quiera acompañar, si es grata o esquiva, si no complace o nos desea traicionar. Todos somos parte de las espinas, serás más feliz si no te torturas y niegas lo que la evidencia deletrea con gigantesca claridad.

Acepto las espinas, contribuyo a que puedan perdurar, si yo no lo hago, el resto de la humanidad lo hará, no deseo detenerme a contemplar la destrucción que me atormentaría si no me esfuerzo por luchar. No te cruces en mi camino, no te odio pero te dañaría sin dudar, es el precio a pagar por morar en este mundo al que caímos sin que nos vinieran a preguntar. Egoísmo extremo, sin límite en la maldad, como ves, observo todo del mismo modo que tú lo haces pero yo me adapto y avanzo sin que ello me haga llorar. Aquí yaceré a mi muerte igual que tú lo harás, el destino que nos aguarda es idéntico, no así el camino que habremos de tomar, el mío es la aceptación de las normas, el tuyo quizá sea sufrir cuando debes dañar, porque lo haces, no pienses por un momento que de hacer daño te puedes librar. Acepto las normas, digo, las acepto y nunca clamaré por lo que me suceda pues si a hierro mato, con ese metal corro el riesgo de morir, soy uno más en el reino del dolor, uno más al que el egoísmo guía en esta existencia sin buenos sentimientos que se perpetúa con las miserias de la humanidad.

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