• Las espinas del alma

Alegría

Las espinas que maltratan el alma de los personajes de la obra no dan lugar a la alegría y la felicidad, quizá tan sólo momentos pasajeros cuando alguien cree que el éxito se acerca a lo que pueda desear. Es la niña rescatada de la miseria la única que, con su inocencia, siente esa alegría profunda que calma todo su dolor. Pues esta niña sólo sufre, nada tiene y su mundo la maltrata con una saña difícil de comprender. Muerta su madre, su padre al final ya la olvidó, ignorada por todos y tratada con un profundo desdén. La veo caminar sonriendo hacia la ciudad portando su cajita de cristal, esa cajita invisible en la que guarda todo su amor; quiere entregarlo, compartir esa esencia que le proporcione tanta dicha como merece su eterna bondad, ahí pude contemplar la felicidad, la esperanza de poder amar, la contemplé justo antes de que la cubriera sin piedad ese manto terrible de la decepción, el lastre insoportable del desprecio de tantas personas que la apartaban pues sólo veían su miserable condición.

Alegría que esa niña trasmitió a la mujer triste, ese espectro que caminaba junto a ella sin consistencia y un equipaje descomunal de sufrimiento, vergüenza y temor. Ambas caminaban hablando y cantando, como dos personas que saboreaban un efímero momento en el que sentían una dicha que antes nunca pudieron disfrutar. Pero es la alegría una emoción que perece ante tanto ataque perpetrado por la realidad, nada permanece incólume ante el egoísmo preponderante en la sociedad. Y esa alegría estaba condenada a morir pues había unos anhelos que se anteponían en las prioridades de la niña y un terrible secreto de la mujer imposible de eludir, pues era etérea, sin carne real, algo que sólo el umbral pudo cambiar.

Felicidad que existe para morir, insignificante pues no es un estado que pueda perdurar, todo está expuesto al egoísmo de los demás; todo lo que deseamos y lo que queramos negar, todo lo que vemos lo queremos utilizar para alcanzar la felicidad, pero la sonrisa sólo durará el tiempo que precise alguien que nos la quiera arrebatar. Alegría que debemos considerar efímera, asumirlo y adaptarnos a esa realidad, así comprenderemos que disfrutar de ella será un momento nada más, un momento digo si la comparamos con una vida entera en la que debamos luchar, así también la valoraremos, la apreciaremos más. Nada es eterno, nada en nuestra humanidad, el mundo quizá lo sea pero es un infierno o quizá un edén que abandonaremos sin más.

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