• Las espinas del alma

Asco

Esta extraña emoción está también presente en la obra, recuerdo cuando la bruja abrió su boca para beber la sangre que manaba de las heridas de los seres deformes que ellos mismos se hicieron para proporcionar con su liquido vital mayores poderes a esa anciana que quería conocer hasta dónde su fuerza podría llegar. Tampoco se podía negar, esos seres eran poderosos y seguro que una negativa hubiera supuesto que la hubieran de ejecutar. Nada era capricho ni casualidad, sabían que la bruja era la elegida para la misión que deseaban culminar, se aseguraban que tuviera capacidades que pudiera utilizar. La sensación de asco de la bruja era enorme pero su determinación hacia la vida era la sustancia que movía su existencia y nada había que su fuerte personalidad no tratara de controlar.

¿Sabes qué es lo que me proporciona un asco sin igual, una repulsión que no consigo controlar? Son aquéllos que dañan, los que humillan a los demás, los que no respetan las vidas ni la dignidad de las personas que sufren ese egoísmo mortal que los domina y que les obliga a buscar víctimas que calmen esas mentes que rebosan enfermedad. Me da asco quien hace llorar con sus perversas acciones a un niño, me da asco quien golpea a una mujer por el mero hecho de considerarla un ser de menor entidad, me da asco quien revienta su cuerpo con una bomba para matar a quienes nada tienen que ver con esa locura letal, me dan asco los que arengan a la guerra mientras sonríen en sus casas seguras tan ajenas al dolor que las balas dan, me dan asco los líderes de países que dejan a sus compatriotas entre la miseria y la enfermedad, me da asco la vida que nos ubica sin lástima aquí y allá, me da asco el asesino que devora la vida de personas que desean vivir, me da asco quien daña por el mero hecho de como él o ella no pensar. No me da asco ver miseria, es tristeza lo que siento al contemplar; no me da asco ver cuerpos e ideas diferentes, me da asco la intolerancia que lleva incluso a matar.

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