• Las espinas del alma

Batalla de las sombras

La batalla de las sombras es un escenario aparentemente preparado para que el anciano abuelo del niño viviera emociones que jamas tuvo y disfrutara de sensaciones que anhelaba pero de las que jamas antes pudo disfrutar, por su escasa voluntad y esa extrema debilidad. Se convirtió en un guerrero poderoso, indestructible, que sembraba la muerte con su espada invencible blandida por unos brazos fuertes como nuca imaginó. La antítesis de su propia realidad pues su cuerpo albergaba un ser débil, temeroso y sometido a la voluntad de los demás.

Nos preguntamos por qué la bruja le ofreció tal posibilidad, tan sólo deseaba quedarse en su choza con el niño que el anciano portaba, ese niño aparentemente clave en la misión que se le encomendó. Utilizó el umbral para darle lo que anhelaba y le hizo morir con una sonrisa en sus labios y su dignidad en un elevado pedestal. Es posible que la bruja sea la única persona que alberga sentimientos de lástima y deseos de reparación, de que la vida devuelva algún rédito por tanto que dañó. No había motivo para tal ofrecimiento, podría haber destruido al anciano sin más, sin embargo se apiadó de su realidad triste y le ofreció ese final.

Quizá ésa fuera una batalla que en algún lugar se debía librar y todo fue preparado para que albergara la figura del anciano para esa reparación vital. Los personajes de la batalla no parecían impresionados por la gigantesca hilera de antorchas que iluminaban esa noche inmensamente negra, ni siquiera cuando se apagaban con cada vida que el anciano arrebataba; era una historia tras el umbral, allí todo parece tener cabida, tanto lo lógico como lo sobrenatural. 

Incluso llegó su hija, quizá de la nada, quizá de otro plano sobrenatural, quién sabe, sólo sabemos que llegó y su venganza culminó, hundiendo el acero en su padre, en ese ser infame que al fin la felicidad alcanzó, por la culminación de su existencia y por poder dar su vida para que su hija calme una pequeña parte de su infinito rencor.

«Ofreces la muerte, bruja, ofreces el dolor; aderezado con el deseo se convierte en un exquisito manjar, para qué vivir en la podredumbre cuando se puede morir en la gloria, para qué clamar por lo que se anhela si tras el umbral se puede degustar. Misión vital que deseas alcanzar, por el miedo a las personas y a la condición pérfida de la humanidad, eso te honra, mujer, pues otorgas paz a aquél que te hubiera destruido sin dudar, por ser humano y tú acusada de bruja, diferente a los demás. Hombre de cordura marchita, ven y lucha, hazlo por tu dignidad, al fin te conceden una oportunidad, te ofrecen la muerte, degústala con ese orgullo que arde consumido por los daños que te infligieron y que deseas lavar, muere para vivir, muere para otro mundo habitar, el de la serenidad que mana de quien sus anhelos conquistó y al que no derrotarán ya jamás!».

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