• Las espinas del alma

Cambiar de idea por beneficio

Las promesas y acciones que adoptamos para convencer de unas ideas mueren cuando de otras más beneficiosas podemos disponer.

Todo está viciado, todo está condicionado por el egoísmo que nos controla y decide nuestras convicciones y las ideas que aseguramos creer. Sólo vemos lo que nos interesa, nunca defenderemos lo que nos haya de dañar. Quizá sólo nuestra maltratada conciencia se oponga a nuestras ideas y la aliviaremos cuando ya ningún mal irreparable podamos sufrir. Porque así se mueve la vida, así se relaciona la humanidad, nadie dice la verdad por el mero hecho de serla, tan sólo expresa lo que quiere que los demás crean y, si eso coincide con la verdad, es porque desea que los demás conozcan tal realidad pero no deja de ser un mero hecho circunstancial. ¿Qué sucedería si algo por lo que hemos jurado nos deja de interesar, qué haríamos si eso nos comienza a dañar? Yo te lo digo, buscaríamos argumentos para denostar la antigua idea y la nueva adoptar, con mayor o menor vergüenza, depende de la persona pero con las miras puestas en la nueva idea hacer prevalecer. Porque así somos, tanto tú como lo soy yo, es nuestra vida y nosotros la hemos de vivir, no tiene sentido buscar lo que no nos favorece y, si lo tiene, no lo queremos percibir.

«Somos volubles como el viento que cambia el rumbo , somos veletas que se mueven al son de lo que nos mece, somos lo que sentimos y los miedos que nos atenazan, somos nuestras ideas que cambian cuando necesitamos algo nuevo, somos tierra cuando necesitamos consistencia y agua si precisamos movilidad, somos alma cuando queremos amar y somos piedra cuando deseamos negar, somos carne cuando queremos sentir la lástima de los demás, somos la bestia que anida en el fondo del volcán… Somos lo que tenemos, somos las cosas que nos hacen diferentes a los demás, somos nuestra resistencia al daño de la humanidad, somos el escudo que cubre nuestra vida de lanzas que atraviesan el corazón, somos lo que decimos y esto es lo que nos protege del mal, somos lo que deseamos y mañana seremos lo que desearemos después, somos la doncella que languidece temerosa en la torre del pesar… Somos una vela encendida en la noche eterna junto a millones de ellas más, somos quienes protegen esa llama de la brisa que la puede apagar, somos gota de agua que cae sobre el océano y desaparece entre las demás, somos el aliento del dios que crea un nuevo ser con cada respiración, somos uno más, somos uno entre toda la humanidad, somos formas de sentir el dolor, somos el llanto desconsolado de quien debe luchar por perdurar, somos la fuerza inmensa de la nada en la eternidad…somos todo eso y muchos más, déjame luchar por continuar poseyendo todo ello con aquello que piense que me puede ayudar, mis convicciones van y vienen, acuden aquí y allá, les doy la forma que preciso para nunca dejar de ser, para siempre poder existir, en lo que me quede de vida y quizá en alguna otra más.»

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