• Las espinas del alma

Descendencia

Traemos descendencia al mundo aun sabiendo que únicamente habrán de sufrir, los traemos a la pobreza, a la enfermedad, a una vida sin oportunidad.

Tierra donde la pobreza mata, donde la vida es efímera y las enfermedades acechan para acabar con los más débiles sin importarles su edad. Tierra de niños que mueren por el hecho de haber nacido, tierra de ángeles inocentes que sólo el sufrimiento habrán de padecer. Aquí los traen al mundo, no importa lo que tengan que sufrir, siguen lanzándolos a la vida sin armas que oponer, mejor no nacer, mejor quedarse en la antesala para observar todo el horror que acecha en esa tierra de angustiosa desolación. No comprendo a los hombres, no entiendo que busquen hijos cuyo destino esté señalado con ese estigma indeleble de miseria y dolor, tumbas sin nombre que aguardan a esas vidas que aún no han podido comenzar. No les importa la vida, ni siquiera la de sus hijos, sólo desean satisfacer esos instintos que los marca como seres sin humanidad pues sus derechos acaban cuando el peligro de muerte de su propio hijo toma su lugar. No concibo procrear en estas condiciones, no son objetos que se puedan desechar, son personas, almas que sufren, seres que alimentan con su cuerpo la tierra que los contempla y los mata sin piedad.

«Instinto que domina al hombre, da las pautas a seguir, para perpetuar la especie en este mundo que deben habitar. Disfrazado de derechos, como un mantra que han de repetir, no importa lo que sufran los niños, son personas que desean procrear, quizá el mundo duro que conocen no les permite discernir, no les deja contemplar que este mundo no es para que un niño pueda subsistir. Los huesos atraviesan su piel, las moscas lamen sus rostros, el polvo de la tierra baña sus cuerpos mientras lloran sin comprender por qué. Sus manos se alzan al aire, buscan tu protección, sus miradas se elevan con ellas anhelando esa sonrisa que les convenza de un futuro mejor. Pero nada será así, lo sabes tú y pronto lo sabrá ella o él, tan sólo aguardar la muerte a la que lanzaste a tu hijo, tan sólo eso, haces que suceda lo que no debe ser. Yo no traería niños al mundo, no en esa condición, es el castigo inmerecido por habitar estas tierra, de ello no tienes culpa pero sí portas una gran responsabilidad.»

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