• Las espinas del alma

Egoísmo

El egoísmo, esa sensación tan arraigada en la humanidad, como un estigma necesario que nos marca con ese símbolo indeleble que podemos contemplar en nuestra alma cuando deseamos avanzar, como un dios todopoderoso que domina nuestra religión personal y nos proporciona mandamientos que debemos acatar. Nada escapa a su control, permitiendo o negando y , si es necesario, obligando a actuar, reaccionando si nuestro futuro peligra o si algo que deseamos podemos alcanzar.

«Allí yacen las esencias de mis sueños malheridos, abatidos por no saber luchar, por no oponerme a tantos egoísmos que pueblan nuestra podrida humanidad. Allí yacen y allí quedarán, no puedo revivir aquello que jamás tuvo una oportunidad pues mi voluntad no es rival para ese egoísmo contra el que hubo de luchar. Allí yacen oprimidos, allí lo hacen sumisos ante el poder que emana de quien domina con mano de hierro, de ese egoísmo que no entiende el significado de compartir, de ceder para todos poseer, de sacrificarse por alguien aunque no le llegues a conocer. Allí yacen, junto a las lágrimas que derramé, junto a la sangre de mi rostro que con mis manos arañé, para concederme el dolor físico que paliara el sufrimiento de mi alma que me amenazaba con la locura ante lo que mis ojos podían contemplar.»

Cualquier ación está impregnada de egoísmo, incluso las que parecen dotadas de bondad pues sólo se trata de la satisfacción de lo que deseamos y esto puede aparecerse en cualquier forma que podamos imaginar… aplicar dolor, sentir indiferencia e incluso ayudar, quizá haya que diferenciar entre ese egoísmo negativo que nos conmina a dañar, como una voz que nos habla de que el daño que inflijamos será perdonado si con ello nos conseguimos beneficiar… y ese egoísmo positivo que nos lleva a ayudar, a favorecer a otras personas porque con ello aliviamos nuestra conciencia o nuestro extraño anhelo de evitar el sufrimiento de los demás, si nuestra personalidad fuera diferente, no lo haríamos, tan sólo buscamos aliviar nuestra necesidad.

«Ser miserable, ser malvado que habla de egoísmo cuando mi vida invierto en ayudar al prójimo y aliviar su dolor, dónde está ese sentimiento de sólo a uno mismo beneficiar, no lo hallo, no, pues no existe, aquí el egoísmo es un término que no tiene cabida ni se puede sospechar. Vida y pensamiento que morirían por los demás, caridad intrínseca a mi personalidad, tan sólo veo incomprensión en tu denuncia, tan sólo la tristeza de alguien que no acepta la bondad, quizá porque no la sienta, quizá porque no comprenda lo que signifique esa palabra y ello le haga sufrir. No me introduzcas en tus miserias pues te digo que en ellas sólo tú te ahogarás.»

«Tus acciones son la respuesta a la llamada de tu alma, tu respuesta es sus mandatos acatar; buscas el beneficio en el alivio a tus deseos, es eso y nada más. Tu egoísmo nutre de esperanza a la vida, concede alivio a los demás, tu egoísmo es necesario para compensar tanta maldad. Sé que deseas que cambie la palabra con la que defino tu acción, que invente un eufemismo que calme tu furor, quizá no lo haga, he de ser fiel a lo que siento de verdad, es el egoísmo que me domina, ése que dice cómo debo actuar. Si me pide bondad, se la daré; si me pide maldad, dañaré; si me pide tibieza, a otro lado miraré; si me pide que por alguien dé mi vida, sin dudar moriré. Únicamente tengo algo claro, sólo lo que mi propio egoísmo me pida yo haré.»

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