• Las espinas del alma

La mujer triste

-La persona que más veces ha estado tras el umbral a esos mundos que concedes ha sido la mujer triste condenada a la hoguera, apareció allí para culminar la venganza sobre su padre, posteriormente lo cruzó para acudir a satisfacer venganza sobre el pueblo que la ejecutó y, finalmente, para vivir una nueva vida alejada de este triste mundo y de su hijo que forzada aquí abandonó.

-Su vida era un mar de sinsabores, un camino sin final, torturada por tantas cosas que ya no sabía ni nombrar. Pero a pesar de sus amarguras, hay personas con vidas incluso más repletas de maldad; no soy una diosa de bondad, me fijé en ella porque era la madre del niño que el mundo habría de cambiar, de ese niño que yo debía buscar, el objetivo de esa misión que me fue encomendada, aquél al que vi como la llave de mi futuro y mi estabilidad.

-¿Por qué apareció en ese mundo al que lanzaste al anciano, a su padre, por qué surgió allí sin cruzar el umbral? ¿Acaso un espectro puede aparecer allí desde el más allá? ¿Quizá su promesa de odio eterno tornó un espíritu en carne de verdad? ¿Quizá esa promesa hizo que algún dios concediera a su hija venganza sobre su progenitor? ¿Acaso fuiste tú?

-Era aquél un mundo preparado para el anciano pero esa noche él debía morir, entregar su vida en un escenario de deseada dignidad. Sabes que dejó morir a su hija, su propia vida decidió conservar pero eso no salva su sufrimiento de saber que su acción es totalmente antinatural, lo es bajo las reglas de la sociedad aunque no lo sea exactamente bajo el imperio de los instintos que deciden nuestra vida conservar. Él no podía morir con esa carga, quizá antes de expirar su último aliento hubiera recordado que ese estado de satisfacción contrastaba con lo que su hija sufrió, por ello, ser muerto por ella era lo que le proporcionaría eterna satisfacción. Su aparición fue en parte para ese anciano, aunque también ella fue posteriormente una instrumento que yo utilicé.

-¿Por qué la concediste a ella también venganza? Ella realmente no lo necesitaba, no pidió desangrar ese pueblo y a los habitantes que moraban en él. Tuviste que convencerla de ese deseo que no afloraba y que tú asegurabas que portaba en su interior

-Soy una persona con mis sentimientos, hombre, quizá la venganza que ejecutó no se la concedí para ella sino para calmar mi propio odio y mi incomprensión. He contemplado demasiada maldad, demasiadas marionetas que bien manejadas obedecen a oscuras intenciones y a los deseos de seres de gran fuerza mental. Ello me enerva, no lo consigo soportar, quise obtener esa satisfacción a través de la reparación del orgullo de esa mujer. Allí ella llevó a cabo la venganza que oportuna creyó, mató a hombres, mujeres y niños, a todos destruyó. Yo tan sólo contemplé su obra, no guiaba sus pasos ni exigía ningún grado de dolor. Te digo, hombre, que la dimensión de su venganza fue ella quien la decidió, allí el peso de su odio creó la inmensa obra que pudiste contemplar; allí la viste reír a los cuatro vientos con cada niño que a la hoguera se arrojó, con cada cuerpo destrozado por el ejército de muertos que custodiaba su rencor.

-Tú le arrebataste el hijo que hizo nacer, te quedaste con el fruto de esa violación que sufrió, quizá debiste dejar que tuviera hasta su final a ese niño por el que tanto padeció, hacerla ver que incluso ese acto cruel al que aquel líder de asesinos caído en desgracia la sometió tuvo al menos una bonita compensación. 

-Ella era un espectro, yo en ello no la convertí, fue la intolerancia y el despecho de aquella mujer que a la hoguera la condenó. Fue su muerte quien transportó su cuerpo a la nada y su esencia tras el umbral apareció. ¿Acaso hubieras preferido que desapareciera sin más? Le concedí una nueva oportunidad, salvé su vida de las brumas de la muerte y retorné su cuerpo a un mundo sustancial. ¿Por qué ves la parte que consideras negativa nada más? ¿Por qué no aprecias en conjunto lo que esa mujer halló? Yo no poseo el poder de retornar a la vida a ningún ser pero puedo para ello preparar el umbral, para traspasarlo y ofrecer una vida en la que sea posible cualquier situación. Esa mujer estaba muerta y en este mundo que tú y yo habitamos no es posible la resurrección. Yo le concedí un preciado final, olvidar el pasado, no recordar todo lo que en él acaeció, tomar entre sus manos una nueva oportunidad, piensa cuántas personas en este mundo que conoces no anhelarían de una cosa así poder disfrutar. Dejar atrás los fracasos, las decisiones erróneas, los padecimientos y buscar una nueva luz con la que poder caminar.

-Esa mujer triste cogió un cuchillo y hacia ti se abalanzó, tú no te moviste, quizá porque sabias que nada te habría de hacer, que su mano se detendría ante una acción que sólo la llevaría a perder. Me extraña ver que no la quisiste castigar, atentó contra tu vida, sería lógico que la venganza sobre ella hubieras querido tomar.

-Esa mujer estaba en el mundo real, la pérdida de su hijo llenaba su emociones y no existía nada que la pudiera confortar, tan sólo la vida que le ofrecía tras el umbral. Comprendo su reacción, también soy humana, por ello no le quería castigar. Su mano se detuvo y sus pies la llevaron hasta la puerta, allí donde estaba el umbral. 

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