• Las espinas del alma

El azar

Me pregunto qué porcentaje otorgar al azar en nuestro camino al éxito o al fracaso, qué porcentaje en el resultado de lo que en la vida nos haya de suceder. El azar cuando nacemos y el azar en nuestro devenir; tantas variables incidiendo en nuestra vida que nunca sabemos cuál será el resultado final. Aplicamos nuestro esfuerzo, nuestros deseos, todo aquello que en nuestras manos se halle para alcanzar las metas y nuestra felicidad pero siempre deberemos pedir permiso al azar, suplicarle que no cercene nuestras oportunidades y nos permita nuestros anhelos culminar.

«Miseria y muerte, eso contemplo, toneladas de dolor, en esas tierras áridas que ven nacer niños que sufrirán sin compasión, niños del hambre, niños nacidos en el horror. ¿Dónde se halla el destino, dónde la felicidad? El primero está marcado, la segunda es una utopía en esta tierra infectada de sufrimiento vital. Yo te diré cuál es el poder del azar, cuál entre estas personas que no conocen la paz, es infinito, sí, eterno y poderoso como el universo que pronto abandonarán. El azar aquí los trajo, el azar aquí los condenó, el azar se burló de ellos, los dejó caer en la miseria y en la ausencia de cualquier vestigio de compasión. Qué importa su voluntad, su deseo de sobrevivir, de alcanzar un futuro y al contemplar su destino poder sonreír; nada de eso existe para ellos, nada existe más allá de su hambre y su desesperación; el azar es cruel, nada sabe del significado de la conmiseración».

«Férrea mi voluntad, aniquilando el miedo, buscando las grietas por las que superar al azar. Quizá sea yo mismo quien lo domine y controle su esencia para satisfacer mi necesidad. No temer a las personas ni a su inherente voracidad, nada aman de lo que yo anhelo, no supeditaré mis acciones a los demás; así se controla parte del azar, eludimos riesgos que destruyan lo que quiere erigir nuestra voluntad. Condicionar mis metas a lo que poseo, a mis limitaciones por origen, por naturaleza o por el entorno que me abriga  o congela, todo ello habré de considerar. Sé que no lo dominaré totalmente, no lo haré pero también sé que éste es el único modo de controlar nuestra oportunidad».

Dependiendo de donde nazcamos, dispondremos de mayores o menores posibilidades pero, dentro de estas limitaciones, siempre debemos luchar por lo que deseamos sin dejarnos intimidar por el azar; quizá lo mejor sea avanzar sin detenerse a observar los peligros que acechan y que nos puedan derribar. Hay demasiadas condiciones en la vida como para cargar con nuestro miedo al fracaso aunque es la propia personalidad quien nos hace ver los riesgos de uno u otro modo y ese concepto es algo contra lo que es difícil pelear.

«Azar maldito que exhibe el orgullo de quien todo destino puede cambiar, azar veleidoso que juega con nuestra cordura y nuestra felicidad. Azar amargo, azar de hiel, azar poderoso, azar que permite que el sufrimiento conquiste nuestra piel. Quizá el azar habite en mi mente, quizá sea él quien no me permita actuar, quizá sea él, quizá sea quien arrebate mi fuerza de voluntad. Nada existe en mi cerebro, nada que se asemeje al poder que precisamos para avanzar, quizá el azar determinó que mi corazón sea terreno árido, baldío , yermo, seco, sin nada que a mi futuro pueda ofrecer. ¿Es entonces el azar o mis propios actos lo que atenaza mi futuro, es el azar culpable o sólo una excusa para calmar mi sentimiento de culpabilidad? Quizá yo no exhiba la fuerza necesaria para evitar los estragos del azar, quizá sólo sea un ser débil más, quizá lo sea y esta certeza anula aún más mi deseo de luchar. Así calmo mi ira, así atenúo mi pesar, tan sólo admito una profunda tristeza al detenerme a mi futuro contemplar».

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