• Las espinas del alma

El niño

-Me gustaría saber más acerca de ese niño extraño que era la clave de toda la misión, no sé si realmente era hijo de Satán, si era quizá un niño normal con algún poder especial, si una esencia adulta controlaba su ser, si realmente crees que el mal anidaba en su corazón. 

-Hombre, no sé si existe ese Satanás, si es creación de los hombres o si es un ser sin más. Quizá su existencia esté condicionada a las creencias de tantos seres humanos que buscan desesperadamente respuestas a esta vida que viven y a esa muerte que los aguarda sin compasión. ¿Cómo iba yo a saber si es hijo de ese dios del mal? Te digo que era un ser diferente, un ente especial, no era un niño normal, las nuevas profecías hablaban de él pero esos vaticinios podrían ser aseveraciones interesadas de algún extraño poder. Lo único que sabemos es que nació de la unión violenta de una triste mujer y un hombre de profunda maldad, de un hombre que necesitaba sentir la fuerza que una vez se le arrebató. 

-Las palabras de ese niño, esas palabras que profería con su alma conminaban al anciano a tu choza llegar, le hablaba de fuerzas y energía vital, de arraigo a una voluntad que era lo único que le salvaba de la indignidad. Palabras necesarias ante las dudas que surgían en ese hombre débil que lo llevaba en sus cansados brazos pues ese niño tan pequeño no podía aún caminar. También habló con su alma al espectro de su madre, le pidió que acudiera a ayudarle y a salvarle de esa vida que su inteligencia comenzaba a vislumbrar. Secuestrado por la bruja, por gente que intuía que no buscaba su beneficio pues sus oídos entendían lo que se hablaba y tan sólo buscaba su protección. Primero salvarse de la muerte de un hombre que perecería en el camino por su anciana debilidad, después salvarse de ti, que lo deseabas para satisfacer una extraña misión. Él veía una anciana enferma que no le podría alimentar.

-Eran sus palabras, hombre, no las mías, fueron armas útiles para mí porque yo atraía a mi choza al anciano pero no podía asegurarme que pudiera a ella llegar; quizá hizo que yo pudiera continuar con mi misión, creo que así fue porque el anciano ya comenzaba a claudicar. Cada uno busca su beneficio, es el egoísmo del que tanto hablamos, unos se benefician de ello y otros lo han de padecer. La necesidad del niño resultó un regalo para mí pues a mis manos llegó, ya sabes, nada en ese momento importaba más, era lo que yo necesitaba y nada me haría dudar, ni la vida ni la muerte, ni los padecimientos de personas cuya vida yo no iba a vivir.

-Me aterra el final que le aguardaba, no entiendo que no sufrieras por lo que que el destino que le preparabas le habría de deparar. Una muerte tan cruenta para alguien que, a pesar de su inteligencia, no se podría defender. Un niño de meses, bruja, dime al menos que un poso de humanidad te dañaba ante tamaña crueldad.

-Cuando la muerte llame a tu puerta, cuando te espere al final de un camino corto de verdad, cuando veas su rostro tan cercano que incluso el brillo del mal puedas contemplar, cuando eso suceda dime si podrías sentir lástima por los demás. Creo que sólo buscarías un camino por el que poder escapar, da igual que en el camino se halle la vida de un ser cuyo egoísmo mueva su realidad, como el de cualquier persona, alguien que si lo necesitara te abatiría sin más.

-¿Odiabas a ese niño, bruja?

-¿Odiarlo? ¿Por qué lo iba a hacer? Tan sólo era una herramienta con la que poder alcanzar una vida que no me hubiera de dañar.

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