• Las espinas del alma

El umbral

El umbral, ese acceso a situaciones preparadas por la bruja para dar satisfacción a sus necesidades y, en varias ocasiones, a las misiones de venganza o de culminación personal de otros personajes que pueblan la novela; siempre con un objetivo, jamás deja nada al azar. El mundo tras el umbral no es otro que éste en el que moramos, en el que sobreviven todos estos personajes que luchan con denuedo por su vida y por sobrevivir a las consecuencias del egoísmo que nos controla para permitirnos avanzar. 

Tras el umbral, donde se entremezclan las emociones que albergan las personas, en el que las vidas se observan con recelo pues saben que cada esencia individual sólo por ella misma mirará. Allí ríen, lloran, mueren…enfrentándose a las cosas que les hacen comprender que poseen un peso que los arrastraría sin compasión. Allí sueñan, viven, temen… todo aquello que anhelan, que miran con deseo y que habrán de alcanzar. Allí avanzan, acaban, revientan… tantas vidas que deben claudicar para que los protagonistas rediman su miedo a vivir.

Allí vi al anciano, con esa historia que la bruja le regaló, como una diosa de bondad que otorga un digno final, a una vida maltratada, a un hombre que jamás cesó de sufrir. Para ello, anegó esa inmensa noche en sangre, tan roja, la de sus enemigos que eran despedazados por su espada enorme y poderosa, por esos brazos que la manejaban sin piedad. Sangró, sí…e hizo sangrar, océanos de odio y placer brotaban de sus ojos mientras esa sangre lavaba su siempre maltratada dignidad.

Allí vi a la mujer triste, la hija del anciano que fue maltratada aun más que su progenitor, por ser débil y por ser mujer, por todo ello las ofensas más crueles de los hombres conoció. Miro esta tierra en la que habitamos y miro a mi alrededor, a pesar de la maldad que domina nuestro mundo, su historia no me deja de estremecer, tan sólo penas, tan sólo calamidades, tan sólo el dolor…tan sólo esas realidades fueron las que le concedieron un amor traidor. Pero la bruja le otorgó el dulce sabor de la venganza, siempre tras el umbral, para ello, incluso a dos seres muertos resucitó. Me congratulo de ello pues esos seres malvados padecieron hasta la saciedad, bendigo a la bruja por ese poder y porque esa venganza accedió a conceder. Demasiados muertos en esa venganza, más crímenes en las manos de la bruja pues fue ella quien así decidió disponer.

Allí vi a esa mujer bella, espléndida como el más hermoso amanecer, guiando a los miserables a su destino, aquél que sólo al final llegaron a conocer. Mujer bella, creada sin acabar su niñez, la bruja así lo quiso y esta mujer obedecía sin nada que oponer, pues tenía un propósito y sólo la bruja se lo podía ofrecer. Mujer bella, de rostro celestial, antes niña de bondad sin igual, la vida nos ofrece con ella una paradoja brutal… pues sonreír ante la muerte y el mal que esta mujer ayuda a proporcionar a tantos seres que deseaban vivir tenía como propósito pretender ser amada y también amar. El mundo ante ese anhelo no se interpondrá, amar es lo que mueve su vida y para ello no importa cuánto haya de matar.

Allí vi a ese líder de asesinos iniciar su deriva hacia la traición, hacia sus hombres y sus vidas, hacia esa existencia que habían elegido pero que ante sus sueños nada importó. Es el egoísmo que nos domina, nada nuevo, nada hay más importante que el yo. Escenario preparado para un final que él deseaba pero que jamás llegaría a disfrutar, porque erró en sus acciones, porque su propia esencia a él traicionó. Pero la bruja algo no le contó, que su destino no sería el esperado pues él era parte de la misión, ese cometido de la bruja que tiene temores y anhelos como cualquiera al que tras el umbral llevó y que los maneja y de ellos dispone siempre a su propia consideración.

Demasiado poder de esta bruja, controla voluntades de aquéllos que componen la historia tras el umbral, los embruja para que no cuestionen, para que acepten situaciones que en otro momento verían como algo irreal, pero los protagonistas están a expensas de sus propias acciones, de sus errores y aciertos, del éxito o fracaso de los cometidos que deban realizar; nada es seguro en ese escenario, la bruja con sus marionetas puede triunfar o fracasar, así es este mundo, así es lo que aguarda tras el umbral.

Umbral que guardas ese mundo en el que podemos lavar el dolor de las espinas que se clavan en nuestra alma, umbral que proporcionas nuevas espinas que nos hayamos de clavar, umbral que nos transporta a la dimensión del bien o del mal, umbral oscuro, umbral de luz cegadora, umbral que se erige como el poder que culmina nuestras esperanzas o nuestro final. Umbral que divide mundos, umbral que rompe vidas, de aquéllos que han de compartir historia con quien la historia debe liderar, umbral que genera tantas penas como temores tiene la humanidad. Umbral que posee un terrible embrujo pues yo lo deseo, umbral que si en mis manos cayera lo utilizaría para que mi vida me dejara de atormentar, para hacer pasar a tanta gente que necesita arrancar esas espinas de sus almas que tanto les duele y que les impide avanzar.

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