• Las espinas del alma

Espinas en el mundo real

Me preguntas qué son las espinas del alma, quieres saber qué hay detrás de esas puntas que nos dañan en lo más profundo de nuestro ser. Te lo puedo contar pero bastaría con que te dedicaras a observar. Todos portamos alguna espina, hay quien porta una sólo y quien está sometido por una infinidad, todo depende de la conciencia del daño y de lo que nos cueste prosperar. Hay muchos tipos de espinas, tantas como males aquejan a la humanidad, en cualquier lugar, en cualquier tiempo y en cualquier conciencia que discierna lo que está bien y lo que está mal.

Viaja conmigo al mundo, hazlo con los ojos de la objetividad, hazlo con ese deseo que necesitas de comprender lo que puedes ver. Mira esa guerra, mira esas sonrisas al hundir un arma en el cuerpo de quien consideran su enemigo visceral, mira a ese chico que camina orgulloso a proporcionar algún cruento final, míralo sangrar con esa mirada ausente mientras sus vísceras escapan de su cuerpo destrozado por su rival. Observa a ese hombre, ése al que siguen esos otros con armas buscando seres de los que abusar, mira, mira cómo asesinan a los hombres y a las mujeres también después de que las acaben de violar. Allí, que no se oculte, míralo antes de que su vergüenza le obligue a huir, mira ese mendigo rebuscando en la basura que tú lanzaste para hallar algo que poder comer; esquiva insultos, esquiva golpes, esquiva las burlas de los demás. ¿Ves allí a ese niño que se oculta? Lo hace porque un hombre malvado le viola cuando lo ve, por eso se esconde aunque aún no sabe que esa pesada losa la llevará en su mente y su orgullo hasta que la muerte lo transporte a otro mundo el día que deba decir adiós.

¿Te gusta el viaje, amigo, te gusta de verdad? Mira a esa mujer, esclava del sexo para esos hombres que la tratan con infinito desdén, como si fuera menos que nada y  merezca toda esa agresividad. Nada importan los miedos ajenos, ni sus anhelos ni su legítimo deseo de vivir, no importan si una moneda miserable alguien puede percibir. Enriquecidos con las vidas humanas, con la muerte de las almas que tristemente tratan de sobrevivir, condenadas al fracaso, abocadas a tantas penas que sólo la muerte parece capaz de aliviar tal dolor de vivir. Una vida es igual a las otras, todas tienen el mismo valor, sin embargo el egoísmo de los seres humanos destruye ese concepto y transporta a tanta gente a una nueva dimensión del terror.

Aquél de allí, míralo, preparando sus armas para eliminar a quien no cree en su dios, destrozando la vida de tantos inocentes ante la promesa de formar parte de un paraíso del que alguien le convenció. ¿Ves la espina? Tantos muertos para satisfacer la inculcada necesidad de un edén conocer, no importan cuantos desaparezcan, ni siquiera el dolor, el odio sonríe ante todo ello y equipara el precio a lo que ese fanático obtendrá. Aunque nunca es bastante, ese peón utilizado para crear la muerte enseguida será suplido por más cerebros abducidos que continuarán con la destrucción. Es fácil para quienes los dirigen, tan sólo les debes hacer sentirse diferentes y oprimidos por un demonio que puedas inventar, es sencillo cuando la personalidad está ausente de verdad.

Miles de espinas, tantas que me quedaría sin voz por enumerar, en la vida acomodada de tu sociedad también existen y nunca acabarán. Jóvenes que acarrean las iras de los demás, por el mero hecho de no ser fuertes y ser contemplados como alguien a quien se puede maltratar. Sonreír ante una persona que carga con la culpa de alguna acción miserable que tú mismo llegaste a cometer; ver cómo pisan tus hombros para otro ascender mientras tú pisas una cabeza para evitar que puedas caer. Lo que percibimos como algo horrible cuando nos sucede es lo mismo que hacemos a los demás si ello nos hace avanzar, no sentimos el dolor ajeno, tan sólo el nuestro sufrimos y por ello actuamos con la necesaria maldad que después disfrazaremos de necesidad, para evitar dañar nuestra conciencia y creernos legitimados para continuar llorando por las espinas que contemplamos en la humanidad.

Te dejo solo, amigo, te dejo para que continúes observando y puedas seguir descubriendo espinas que dañen nuestra alma mortal. Hay tantas, ¿verdad? Hay tantas… unas ocultas y otras expuestas a la vista de cualquiera que quiera contemplar. Todo trata de egoísmo, todo trata de satisfacer la propia voluntad, si ésta se halla en cerebros malignos, el tamaño de la espina podría atravesar una gigantesca montaña y mucho más. Egoísmo, no lo dudes, nada importa más allá de lo que deseamos que deba suceder, para beneficiar nuestra vida, para una mera satisfacción, para alcanzar mas poder o por miles de circunstancias que podamos querer. El egoísmo… él es quien alimenta las espinas que atraviesan nuestras almas sin piedad.

Quien todo posee y nada teme, aquella persona que hace de su modo de vida un camino de dolor a los demás, quien disfruta del daño ajeno sin temor a sufrir lo que da, quien no llora con los males que afectan a algún ser cercano  al que debería amar, quien así vive sólo una espina lacera su alma, una única cosa llamada muerte que no puede evitar.

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