• Las espinas del alma

Hombre deforme

El hombre deforme tiene su historia indefectiblemente unida a la de su mujer, también deforme como él, sin embargo, en un momento concreto sus historias dejan abruptamente de caminar juntas al ser atacado por su esposa para salvar a la bruja pues era ella quien podría proporcionarles un futuro mejor.

Ojos enormes sin párpados, dientes afilados y terribles, garras poderosas, cabeza plagada de abultamientos que le confieren un aspecto terrorífico y desolador. Sabe que ese aspecto es el lastre que hunde su realidad en el fango del miedo y del desprecio de la humanidad; desea salvarse de esta vida que lo atenaza y confina en grutas de terrible oscuridad. Tan sólo la compañía de su esposa parece librarlo de la locura infinita, ésa a la que se llega cuando a nadie tenemos para reír o llorar.

Pero alberga grandes cantidades de soberbia y odio, no tolera el más mínimo desafío ni el fracaso en la misión que a la bruja encomendó, no importaba que ella fuera el único ser que podría salvarlos de la nada, su fracaso con la vida debía pagar. Esos ojos, esa mirada que congela el tiempo y los cuerpos, que paraliza dejando la boca eternamente abierta y los ojos derrochando dolor hasta que el vacío se asienta en su interior. Se alimentan de almas, dicen, se alimentan de ese soplo casi invisible que mana de sus bocas cuando los rostros son ya máscaras que no parecen albergar sentimientos ni dolor. 

Pero no contaba con la ambición de su esposa, con la seguridad que aporta saber qué es lo que importa y lo que se debe hacer; matar a la bruja no era una opción pues el resultado sería vivir eternamente en este mundo aterrador. Así su esposa se lo hizo saber, de un modo que este hombre deforme jamás en la otra vida podrá olvidar.

Esos poderes que ostenta, tan superiores a casi cualquier otro ser, para nada le sirven si a ningún fin amable consigue llegar; contempla el pasado, así como el presente puede ver, lo hace a través de las cuencas vacías de sus muertos, de esas personas a los que los ojos arrancan sin ninguna piedad. También puede guiar los pasos de las personas a donde él y su esposa consideren que deben llegar. Su sangre es lo que aporta a la bruja el enorme poder que luego posee.

«Ser infernal de cuerpo maldito que vaga por las entrañas pétreas de aquellas grandes montañas, nada eres y lo sabes, nada eres y lo sufres con tu esposa en vuestra triste soledad. Ser de sentimientos marchitos, dónde queda tu humanidad, dónde queda tu alegría, cómo soportas esta vida carente de ilusión, quizá el apego a la existencia es más fuerte que cualquier calamidad, quizá, o quizá siempre has continuado creyendo en tu oportunidad. Por qué entonces la quieres dejar pasar, por qué antepones una estúpida soberbia al éxito del objetivo que aún parece que puedas alcanzar. La vida y sus deseos, ésos que alberga con amor, preparados para ser propagados entre los hombres y mujeres que componen esta realidad, ya se encargarán ellos mismos de devorar las esperanzas de poderlos materializar, ellos y el azar, ellos y quizá algún dios receloso de que la humanidad pueda alcanzar la felicidad sin contar con su bendición. Viste el odio en los ojos terribles de tu esposa, viste lo que para ella fuiste al final, tan sólo un impedimento para su felicidad, tan sólo un ser al que había que eliminar; así fue pues el egoísmo controla nuestra realidad y sólo lo que deseamos habrá de prevalecer sea quien sea al que debamos dañar. Así ella este mundo contempló y tus ojos se apagaron quizá sin comprender realmente por qué todo eso sucedió, por qué ella antepuso a la bruja a tu sentimiento de rencor».

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