• Las espinas del alma

Hombre torturador

El hombre torturador es un personaje con escasa aparición en la obra y su incidencia no va más allá de precipitar el final de la historia de la mujer deforme; su verdadera importancia es intentar hacernos comprender los resortes de la mente humana que lleva a determinadas acciones y evaluar por qué se toman algunas decisiones que tanto atentan contra un ser humano y qué es lo que conmina a dañar.

Su cuchillo corta la carne de la mujer deforme, rompe sus huesos y también su escasa dignidad, tan sólo para proporcionarle unas palabras que nadie puede confirmar; de la vida y su origen, del futuro y su final, de todo aquello que tanto hace sufrir a la humanidad. Conocer sin un objetivo, qué puede hacer la mujer deforme con esa información, nada puede, ni siquiera debería estar segura de que este hombre cruel le afirma está impregnado de la verdad.

La bruja le habla sin miedos, por la confianza que en sí misma porta y en sus poderes, también por la presencia de la bestia que la obedece sin rechistar, sabe que es poderosa y que este hombre que tortura no es una amenaza en ese momento en realidad. Su conversación es serena, como si todo fuera una escena natural, la tortura está arraigada en su ser y no la contempla como una maldad, quizá sólo sea fruto de la dominación, algo que en él es natural.

Pero a la bruja ofrece su colaboración, sus poderes le han hecho comprender que ahora ella ostenta un poder brutal y le ofrece una colaboración en el futuro para preservar sus vidas de otros ataques del mal. Tan sólo el instinto de autoprotección es lo que le mueve, el miedo al más allá, el temor a perder los privilegios que sus poderes le han hecho ostentar. Niega al diablo, no existe, es lo que dice y mantiene ante la bruja que le escucha sin realmente opinar, nada cree ella de lo que él sabe y considera que son elucubraciones, nada más.

«Siento un triste vacío en mi alma cuando comprendo el mal que anida en tu podrida humanidad, no deseo comprender por qué el dolor es parte de la naturaleza de un hombre y lo reparte sin ningún tipo de control. Siento la pena en mi interior, siento que las estrellas se congelan y caen sobre nosotros cuando las contemplamos como fuentes de belleza y calor; nada es como deseamos, ni siquiera nuestra eterna lucha por comprender a los demás, tan sólo algunos, pues muchos sólo contemplan esa acción como una extrema debilidad… y así eres tú, hombre torturador. Hombre que tortura por nada, hombre que sólo desea dañar, por qué tanta saña, por qué tu cuchillo corta la carne de quien desea saber, de dónde has salido, dónde luego te vas a cobijar, dónde se halla ese cubil que oculta tanta maldad».

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