• Las espinas del alma

Juzgar acciones

Quizá no debamos juzgar acciones que atentan contra las vidas si quien lo hace obtiene un beneficio para su existencia que sí ha de disfrutar.

Todo depende del prisma desde el que se mire, todo tiene sentido y todo puede de él carecer. Nuestra parte humana y social nos hace ver el mal que vemos hacer al prójimo como algo condenable y que se debe evitar. Pero se trata sólo de la lucha por la vida, por prevalecer en esta dura sociedad, el mundo avanza con estas historias sin comprender que existen la justicia y la bondad; palabras humanas, significados acotados a nuestro entendimiento pero no al del universo, que no comprende esas palabras ni de ello tiene necesidad. Yo condeno el daño a los demás, no deseo que eso suceda y si puedo lo habré de evitar; sin embargo, comprendo el motivo por el que existe, es el egoísmo que controla el mundo, es por ello, no busques nada más. Sólo importa lo que necesitamos sólo luchamos por lo que nos proporciona seguridad, quizá un futuro o evitar algún mal, es esa necesidad innata que portamos de colocarnos en primer lugar. Entiendo el origen, no comparto ese viaje, no hasta el punto de dañar, o quizá sí, habría que esperar a que algo me lleve a ese limite en el que deba actuar.

«Mata hombre, haz daño sin mirar la cantidad, despoja a otros de su vida si con ello te has de beneficiar: Te digo que comprendo, te digo que sé que tu egoísmo es lo que mueve tu mano, ésa que ejecuta la orden de tu maldad. Las vidas son objetos que tomas cuando los necesitas para prosperar; te comprendo, digo, pero no acepto tu falta de humanidad. Dañar para obtener es atentar contra nuestra identidad, contra lo que somos pues todos conocemos el dolor, aplicarlo es violar nuestros principios, esos que hablan de mutua lealtad. Nosotros no somos la naturaleza, debemos nuestras reglas poseer y éstas tienen que ser el respeto y la ayuda sin condición, pero todos sin fisuras, nadie aprovechándose de esta firme convicción.»

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