• Las espinas del alma

La confianza de la bruja

Llama la atención la extrema seguridad que muestra la bruja ante cualquier persona que entre en su choza, son varias las ocasiones en las que es visitada por personajes que pueden dañarla y ante los que físicamente no parece tener ninguna opción. Incluso el segundo líder de los asesinos se muestra ante ella, la amenaza y decide arrancar a la bruja sus verdes ojos y matarla con dolor. A pesar de ello, mantiene la compostura y lo domina con su infinita personalidad; no sabemos cómo puede saber que nada sucedería o si sólo arriesga sin que se perciba su miedo a fracasar. También sufre el ataque de la mujer triste, enloquecida ante la certeza de que a su hijo ya no recuperará. Pero todos se detienen en el último momento, quizá un poder que emana de la choza, quizá de su mente o quizá de algún ser que la protege de todo mal.

Anciana y enferma pero con un gran carisma, una excelsa personalidad, acrecentada tras beber la sangre de aquellos seres que la salvaron de ser destruida por aquellos que la acosaban y deseaban matar. De allí manaron nuevos poderes, de allí y de la choza que habita, ésa a la que se accede por caminos y veredas que a tantos hombres asustan pues al mismo infierno parecen apuntar. 

Nada parece temer, tan sólo contempla lo que la puede suceder, no desea el mal para ella pero si ahí temor hubiera, éste no ciega su mente sino que aviva sus sentidos y alimenta la manipulación. Mantiene siempre viva esa pasión que la acompaña, dando o quitando, eligiendo siempre lo que deba suceder. Tiene una misión, sí, pero en su cerebro bulle siempre la búsqueda de la opción que a ella más la haya de satisfacer. No tiene amo, no después de esa choza habitar, es su trono, son sus dominios y en ellos domina ella y nadie más.

«No hay miedo en tu mirada, no lo hay pues la veo volar entre los pájaros del cielo riéndose de las perversas intenciones de quien te desea dañar; allí arriba habita tu voluntad, invisible a los ojos pero siempre tan real; tú dominas, tú decides, tú y esa bendición llamada umbral. Fuerza intrínseca a tus poderes, no sé cuántos pero suficientes para avanzar, a pesar de tu debilidad física, a pesar de tu edad. No hay miedo, no en tu mirada, no en tus acciones que ejecutas con la confianza de quien desea ganar pero no le aterra perder. Poco que dejar atrás ya pero mucho por ganar, un futuro, quizá breve pero ajeno al sufrimiento y el dolor. Luchas por tu vida y por aquéllos que te siguen, por el futuro de esos seres que necesitas para alcanzar tu felicidad. Amor condicionado, nada nuevo en la humanidad, uniones por conveniencia y alianzas que os deparen un bello final».

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