• Las espinas del alma

La mujer triste

Con una madre muerta al ella nacer, con un padre débil, eternamente borracho y decrépito por su edad y física condición, con una personalidad casi ausente soportando los daños que los hombres la ocasionaban sin compasión. Me pregunto cómo así se puede vivir, cómo de ese modo en alguien se puede llegar a confiar; nada en esta vida la confortaba y la hablaba con palabras de bondad. Quizá ya lo esperaba todo, nada bueno, sin duda, pero posiblemente no la más alta traición. Un hombre al que quería ayudar, alguien de quien apiadarse y dar lo mejor de ella , lo más puro de su corazón, ayuda, piedad y lástima, todo unido para sacar adelante a un hombre que había perdido la esperanza de caminar, la fe en volver a sentirse de nuevo una persona normal. 

Ese momento fue un punto de inflexión, el detonante de la historia principal, nadie sabe si realmente estaba controlada por el dios del mal o si simplemente era una mujer normal, con sus miedos y sus penas, sólo eso, sin suponer nada más. Madre del hijo que la historia habría de cambiar, madre del niño que deseaban utilizar.

Víctima del despecho, del odio sin razón, de la venganza aplicando un elevado grado de dolor. Nada de eso merecía, sin duda, nada que conllevara padecimiento y horror, pero le fue aplicado, me estremezco al recordar todo lo que sufrió. Vuelta a la vida sin un por qué, quizá para ser utilizada, quizá para su deseo de venganza satisfacer, habrá que inquirir a la bruja, sólo ella nos lo podría decir.

Su acción en la obra es importante pues trae ante la bruja a la niña que le pidió, para que llevara a cabo la misión que le encomendó. Su final es feliz o quizá triste , depende de quien valore lo que acaeció, depende de cuál sea el objetivo real que movía sus acciones tras su estancia en el umbral… quizá recuperar a su hijo, quizá disfrutar de una vida con un motivo que la ayude a continuar, quizá salvar su dignidad como madre ante los ojos de los demás. 

«Ojos tristes que adornan una mirada sin esperanza, ojos lánguidos que fagocitan su propia bondad, ojos bellos que me hablan de una vida vivida sin la esperanza de cambiar tu realidad. Ojos que observan la vida que te maltrata por el hecho de ser mujer, de poseer una débil personalidad, de no disponer de alguien que te proteja de lo que los hombres malvados te deseen hacer. Qué existencia es ésta, qué mundo has de padecer, mirando hacia las sombras con temor, con miedo a lo que te pueda suceder. Quisiera verte feliz en un nuevo amanecer, en un mundo en el que nada hayas de temer, en el que tu vida sea igual que las demás, en el que tu alma juegue y sea feliz respirando un clima de paz. Pero para ello no hay que cambiarte a ti, mujer, es a esta perra sociedad a quien habría que mutar, a las personas y sus deseos, a los hombres y a su insaciable voracidad».

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