• Las espinas del alma

La venganza de la mujer triste

La mujer triste es un ser que sufre calamidades sin cesar, cada suceso que la acaece marchita más su dignidad. Sufrimiento y muerte, también la pérdida de ese hijo que apenas llegó a conocer, tan sólo unos meses, el tiempo que tardaron en llevarla a la aldea para su ejecución. Vuelta a la vida pero sin consistencia física para existir, tan sólo como un espectro al que únicamente el odio le hace normal. Anhela recuperar a su hijo pues al verlo renacen sus esperanzas pero la realidad le muestra que es materia que sus manos no pueden tocar.

Devastada su vida por la hoguera a la que fue condenada, por estar poseída por Satanás, decían, sin embargo, ella tan sólo se consideraba una persona normal. Quizá fue la revancha de una esposa que se sintió traicionada por aquél con el que se desposó pues a esta bella mujer triste violó, tan cobardemente, pagando así los cuidados que ella le dispensó. Bajeza moral difícil de asumir, pobreza del alma en la que el egoísmo actúa con libertad, maldad extrema que ninguna lástima siente por los demás.  Quizá esta historia a la bruja conmovió, quizá ese cerebro que alberga algún ápice de bondad decidió que esa mujer precisaba venganza, aportar tanto dolor como el que ella padeció, liberar su odio para que ascienda al cielo aliviado del peso de no ver un castigo a tamaña traición. 

De ella, la bruja sólo necesitaba que buscara a la niña que posteriormente guiara a los mendigos al cementerio de Satán, tan sólo eso y a cambio la ofreció la capacidad de tocar, de adquirir consistencia y vivir una vida sin el lastre de la inexistencia eterna, de ser quizá sólo un alma que vaga sin cesar. Pero también le ofreció venganza, creo que conmovida por su historia de tristeza sin igual y así obtuvo el dulce placer del equilibrio de su alma, rió con fuerza satisfecha de contemplar ese océano de dolor. No era necesario ese regalo para obtener la ayuda de esta mujer triste pues sólo le bastaba la esperanza de volver a ser una persona normal, sin embargo la bruja se lo concedió, bendita sea que reparó el agravio sufrido, tanto dolor que ese maldito pueblo a esa chica infligió, a lo largo de su vida, año tras año y que en la hoguera culminó.

«¿Dónde esperamos ver la bondad?, ¿acaso en las manos de una bruja?, ¿dónde reside el deseo de los daños reparar?, ¿dónde moran las esperanzas de sentir en el rostro el aire de la libertad?, ¿dónde el ansia por mantener la dignidad?, debería nacer de nosotros mismos, de tantas personas como las que pueblan este mundo singular. Pero nada parece ser así, muchas personas sepultándose en su triste realidad y sólo contemplo a esa bruja velando por la cordura y el equilibrio de las fuerzas que nos benefician y de aquéllas que nos van a dañar, una mínima parte comparada con la inmensidad de este mundo que hemos de habitar, tan sólo lo que su percepción alcanza pues es una mujer poderosa pero una mujer sin más. Pero únicamente si ello no daña la misión vital que lleva a cabo, su bondad no alcanza tales cotas de locura tan contrarias a la humanidad».

Marcar el Enlace permanente.

Comentarios cerrados.

  • Una obra de Francisco Javier Llorente

  • El libro