• Las espinas del alma

Lealtad

Hablamos de la lealtad como un principio superior, como si ser fiel a sus designios estuviera imbuido por una pureza total; sin embargo, podemos decir que está siempre condicionada, lo está porque esperamos algo a cambio de nuestra fidelidad. Quién es leal a aquél que te va a perjudicar, quizá nadie, es necesario bucear en ese sentimiento y en el porqué de las acciones a las que esa lealtad da lugar. No es sencillo aceptar esto pues quien es leal espera palabras de agradecimiento y bondad y jamás esperaría que se le acusara de un egoísmo total.

«Confundes mi lealtad con conveniencia, cómo te atreves a dudar, el amor se mezcla con mis acciones y se convierte en lealtad; por mi hijo mataría, así como por él también habría de morir, no es lealtad sino algo mucho más fuerte, más aún que el propio rencor, tanto como lo es el amor; no equipares este sentimiento a cualquier contrato pues te ahogarías en el vacío de tu ignorancia que te lleva a desvariar.»

«No confundo pues los instintos dominan cualquier situación, es la perpetuación de la vida y hacia un hijo es obligado sentir amor, para que perviva y avance, para que continúe con la labor de generar vida en este mundo que tú habrás de abandonar. Cualquier instinto dominaría a la lealtad, la supeditaría a cotas inferiores pues la naturaleza también lucha por su supervivencia controlando lo más profundo de las mentes de quien en ella llegue a habitar».

Así se mueve la vida, con escenarios de dominancia y control, de sumisión y acatamiento de reglas, de lealtades necesarias para la sociedad y la vida perpetuar. Lo sabe el dominante, así como también el dominado lo ha de saber, contrato ineludible entre el que ofrece y el que recibe a cambio de esa lealtad. Tan importante es quien acata fidelidad como quien la exige pues éste sin nadie a quien dominar tampoco podría avanzar; todo se hace siempre por algo, ya sabemos, es el egoísmo y nada más.

Sin embargo, qué importancia tiene cualquier explicación, por qué han de importar los motivos que llevan a la lealtad, existe y eso nos ha de valer sin más, así todos avanzamos sin dar lugar a revoluciones que atenten contra nuestra estabilidad. La lealtad es necesaria, para guiar y ser guiado, para llevar a nuestra sociedad a un bien común, con poderosos y débiles o quizá de igual a igual, no importa, la sociedad tiene su propia inteligencia y nos organiza del modo que más la vaya a beneficiar.

«Quiero tu lealtad, dámela, yo la disfrazaré del término que calme tu dignidad. Quiero tu lealtad, nada soy, nada sin ella, mi objetivo es sobrevivir y mi mundo lo he forjado desde la ambición y el pedestal que la providencia o quizá mi propia capacidad ha sido capaz de determinar. Dame tu lealtad, hombre, dámela, mujer, no luches contra tu propia esencia pues en ella habita esa necesidad, para satisfacer la seguridad que precisas en tu vida… porque vives en un mundo con esa estructura social. Lealtad a una persona, lealtad a una idea o a una forma de sociedad, orden social grabado a fuego en nosotros mismos que nos salva de la anarquía vital»

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