• Las espinas del alma

Mujer deforme

La mujer deforme es uno de los personajes poderosos que aparecen en la obra pero que sus propios defectos vistos con ojos humanos la convierten en un ser marginado y perseguido por la sociedad. Anhela respirar el aire del día junto a su esposo, tan deforme como ella, pero el miedo a los hombres los confinan en esas cuevas que son su hogar.

En las entrañas de las montañas moran, allí matan y se alimentan de la sangre y la carne de los hombres que pueden capturar, quizá también de las almas, eso aseguraron ellos a la bruja cuando ésta cayó en esa sima que albergaba a estos seres de horrible fealdad. No necesitan demasiado para sobrevivir, tan sólo el aire que penetra en la cueva y seres humanos para poderlos devorar.

Tan iguales en la forma pero diferentes en la personalidad, así son pues esta mujer deformada es más tenaz en el objetivo a alcanzar y para ello dan forma a la misión que encomiendan a la bruja y desean fervientemente que tenga éxito pues lo necesitan para una vida diferente que les aporte poder entre los hombres y una aún desconocida serenidad. Acepta los reveses y quizá algún momento de tensión, considera que el objetivo está por encima de cualquier cosa y, mientras exista alguna posibilidad, ese camino no abandonará.

pero sucumbe a ese deseo tan humano de conocer, de saber aquello que nos atormenta pues sabemos que es imposible de demostrar, que todo será siempre fruto de la fe y de cubrir nuestra necesidad; esa perniciosa necesidad de saber más de lo que debemos conocer pues nada nos aporta en nuestra vida real, nada obtenemos salvo la satisfacción de creernos en posesión de la verdad. 

Conoce el dolor de verdad, el físico, pues ya es muy consciente del sufrimiento espiritual, pero a nadie debe esto importar pues ella también en grandes dosis a los hombres dañó, para alimentarse, sí, como cualquier otro depredador, no había placer en la matanza pero sí devoraba la carne con una extraña pasión.

«Mujer deforme, supuras llanto… mujer deforme, tus lágrimas no son de pena ni dolor, tan sólo son las aguas de tu mar de maldad que suavizan tu mirada infernal. Mujer deforme, tus ojos siempre abiertos… mujer deforme, así la naturaleza te fabricó, contemplando con pesar cómo tus deseos yacen en esta cueva tan lánguidos o quizá ya muertos… mujer deforme que caminas con ese hombre horrible que contigo se desposó. Quisiste saber, quisiste conocer, el origen de la vida, el origen del miedo que a los hombres les provoca quien more los cielos y controle nuestra voluntad… quisiste saber…más de lo que nadie sabe, cómo te has atrevido si ni siquiera moras entre el resto de la humanidad. Allí tu cuerpo quedó, a los pies de la bruja tras su orden a la bestia a la que pretendías dominar. Demasiada fuerza en esa bruja, demasiada en esa bestia infernal, creías poderlas dominar pero desconocías que tu energía no es suficiente para esos seres controlar. Y así culmina tu vida, así ves tu cuerpo torturado por ese hombre al que consideraste el profeta de la verdad. Querías creer…en algo que te proporcionara la cordura que temías perder, necesitabas creer…en algo que transformara tu sentimiento de monstruo a mujer…pero creer es un sentimiento puro que jamas los conceptos de deseo o necesidad llegará a comprender».

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