• Las espinas del alma

Mujer que habla con Dios

La mujer que habla con Dios es un personaje de carisma especial, domina a las masas con su personalidad arrolladora y sus palabras que disfraza de verdad. Todos creen en su poder y matarían por ella pues consideran que les puede salvar de la ira de Dios; una ira difícil de comprender pues acatan los mandatos divinos aunque harían las atrocidades que fueran necesarias para obedecer a esta mujer especial. 

Cruel y manipuladora, egocéntrica y despiadada, así es, por todo ello es temida puesto que nadie parece a salvo de sus designios; cuida y mata a sus seguidores, a algunos, tal y como haría un pastor con su rebaño que le provee de carne mientras que él les da aparente protección, eso hace hasta el momento de la ejecución.

Dos vidas tuvo, igual que su marido, ése al que desposó por obligación, en ambas su existencia acabó de un modo cruento pero mucho más en la segunda ocasión. Víctima de su propio despecho, eso fue, unido a una soberbia sin igual; se creyó indestructible, se creyó tan temida y venerada que su vida nadie podría atreverse a dañar. Odio ciego que nubló su mente, su obra y su futuro por ello murieron. Tal y como la vida nos muestra, jamas debemos dejar de luchar, jamas debemos ciegamente confiar, hay que dejar lugar a la desconfianza, siempre hay alguien que nos puede ganar.

Ese niño que torturaba su dignidad, nacido de la traición de su esposo, engendrado por una mujer que fue tomada en contra de su voluntad, con ese dolor inmenso producido al ser profanada por aquél a quien acudió a ayudar. No importa que ella fuera una víctima, esta mujer malvada la cubrió de un manto con tinte infernal; por el diablo poseída, eso clamaba, por ello la ejecutó, quién sabe si realmente lo creía o si la rabia dio paso a esa invención.

Retornada a la vida para saciar la sed de venganza de aquella inocente mujer a la que destrozó, la bruja ese resarcimiento le proveyó, calmó ese dolor espiritual que la corroía y generó un escenario dominado por el más puro horror. y aquí esta mujer malvada perdió su fuerza, perdió su control, nadie había que pudiera obedecerla pues todos estaban controlados como marionetas por el terror. Pero su más profundo instinto surgió, el olor de su alma se liberó y bañó el pueblo del más nauseabundo hedor; muerte y sangre, sufrimiento y dolor. Eso sucedió cuando la joven la tortura de un hombre la ofreció.

«A ti te hablo, mujer, a ti te hablo, alma tomada por el mal, dime de dónde nace ese deseo de dañar,  a ti te hablo desde este mundo que sin ti se ha liberado de toneladas de sufrimiento sin igual. Te vi cortar con es cuchillo, te vi sajar la carne de ese verdugo que fielmente te sirvió, sé que por miedo te servía pero en él tuviste un títere más. Contemplé su interior, no su alma sino su cuerpo que torturabas con esa saña que te hacía disfrutar. Tu muerte es una bendición, el destino nos provee de momentos de placer, éste es uno de ellos, lo es el verte morir. Siento rabia por esa tortura infinita infligida al verdugo, lo siento de verdad, pero no es la lástima por él lo que mueve mi sentimiento sino el hecho de saber que tuviste el clímax de tu vida antes de tu momento final. Alivio mi pesar al recordar el dolor que sufriste, el miedo y las horas pasadas en compañía de aquellas bestias que hacían que el infierno fuera una realidad terrenal».

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