• Las espinas del alma

Niño

Nacido del mal, nacido de la traición, nacido de una de tantas espinas que asolan las almas de la humanidad. Ese hombre caído en desgracia deseando un gramo de poder, contemplando a tu madre como un objeto que poseer. Ella se dejó, qué otra cosa podría hacer, humillada y ofendida en su propio pueblo, ése que la vio naciendo de una mujer que en el parto murió. Niño clave en esta historia, al menos hasta que la bruja toma la decisión final.

Nadie lo amó, nadie a ese niño del mal, nadie lo quiso por él mismo sino por la necesidad del mundo controlar. ¿Quién fue su padre en realidad, aquel hombre malvado o el propio Satanás?, ¿acaso sobrevoló el espíritu del mal sobre ese pueblo maldito y a ese bebé engendró? Quién sabe, nadie lo puede saber, tan sólo la evidencia nos cuenta que en ese interior no habitaba un simple niño sin más. 

Atraes a las personas con tus palabras silenciosas, conminas con tu pensamiento a continuar, llevas a seres humanos a moverse al son que decide tu voluntad. Sé que pretendes salvar tu vida, tus limitaciones físicas te obligan a utilizar tu poder mental. Te juegas mucho, ser devorado por una bestia infernal, acabar en las entrañas de ese monstruo creado por quien quizá es tu padre, el señor del mal. Atrajiste desesperadamente a tu madre, esa mujer que en la hoguera ardió, era un espectro, niño, sus manos no te pudieron sostener y te dejaron expuesto en este mundo que te amenazaba con seres que la vida te querían arrebatar. Esa mujer que lloró tu pérdida como sólo una madre puede hacer, que contemplaba tu imagen deslizándose entre sus dedos con esa máscara de locura que oprimía su rostro con una fuerza infernal.

Los oráculos hablaban de una misión, una que portabas en tu esencia como enviado del mal. Dominar el mundo, crear el caos y la desesperación, devastar al ser humano que no cumpliera con tus designios y tu voluntad. Un nuevo orden para el mundo en el que la maldad manara de una única fuente, la tuya, tu alma, tu deseo y tu rencor, tu indiferencia y tu ausencia de amor. Pero esto no fue respetado por seres que buscaban su propio destino, ajeno al tuyo, ajeno al desprecio de la humanidad, mostrando que el miedo a la propia muerte, el miedo al destino que nos aguarde aniquila seres divinos… destruye seres malignos, arrasa con todo lo que se haya de cruzar.

«Anhelos que supuran odio, fabricados con la esencia del mal, deseos vitales que se transforman en hábitos para poder perdurar. Ser divino que engendra un hijo que el mundo haya de agotar, para qué, me pregunto, para qué deseas hacer tal, quizá como colofón al rencor que brota de tus ojos al contemplar. Si tú engendraste a este niño, te digo que en ti habita la humanidad, pues el miedo domina tu ser como si fuera un gigantesco animal. Qué harás cuando el mundo pierda gran parte de quienes pueblan su realidad, a quién gobernarás, tan sólo a los que con más fuerza puedan suplicar. Error vital, error que desangrará tu destino y en la nada te convertirá. Si eres un dios, las voluntades has de buscar pero nunca el exterminio pues con cada ente que muere se desvanece tu poder, por cada alma que vuela al cielo infinito pierdes un pedazo de divinidad»

Marcar el Enlace permanente.

Comentarios cerrados.

  • Una obra de Francisco Javier Llorente

  • El libro