• Las espinas del alma

No existe la justicia en la naturaleza

Clamamos por la justicia en la vida, que la providencia proporcione al mundo esa necesaria virtud, sin embargo, olvidamos que sólo se trata de una palabra inventada por el ser humano que la naturaleza no lleva en su acervo de términos a los que es fiel. Tan sólo es algo que puede ejecutarse entre todo aquello que los hombres organicen y generen pero no debemos esperarlo en nuestro cotidiano devenir. Tan sólo el azar puede conllevar la justicia pero sólo sería una coincidencia más, algo que porte la providencia dentro de su eterna arbitrariedad.

«No me hables de justicia, tengo ojos para ver, no me hables de lo que la naturaleza jamás ha otorgado a tantos seres que sufrieron y murieron por tan elevada cota de maldad. No me hables de tus falsas convicciones, tan sólo son palabras de tu miedo a la vida y de tu amargura ante lo que no puedes controlar. No, no me hables de esa justicia que no existe en la realidad. Muertes y tortura, desprecio sin castigo ni deseo de redención, la vida nada vale para los hombres ni para la naturaleza que nos contiene y que nos devora sin piedad».

Cuando se contempla dónde nacen tantos niños que jamas tendrán una oportunidad, cuando los vemos morir en campos secos, tan yermos y vacíos como las miradas que muestran sus ojos carentes de esperanza e ilusión, cuando contemplamos cómo siguen lanzando a estos seres inocentes a la vida aunque los padres sean conscientes de que los espera una vida terrible de sufrimiento, hambre, enfermedades y pasión. No hay amor, tan sólo lo veo en esas madres que nada oponen a quienes las utilizan a su antojo sin que puedan poner ninguna objeción. 

«No les hables de Dios, no les hables de justicia, no les hables de un mundo de alegría y bondad, nada para ellos existe, tan sólo la desolación. No les expliques el significado de esa palabra que tanto los aleja de su esencia pues tan sólo conseguirás que su pena crezca a un límite aún superior; cuídalos y dales cariño, quizá sea eso lo que conceda a su mundo helado una brizna de calor. No les hables de justicia, no lo hagas, no hagas partícipe a nadie de tu miedo a este mundo y su incomprensión».

¿Acaso hay justicia cuando una ser débil sufre por el daño infligido por alguien de fuerza superior? Hay tantos casos en la vida que es imposible atender tanta reparación, me pregunto cuándo aparecerá esa justicia, quizá no en esta vida sino sólo en la imaginación de aquél que sufrió. Quizá sea mejor aceptar la vida tal y como nos llega, buscar nuestra felicidad sin esperar que la justicia nos acuda a ayudar, luchar por nuestro mundo y todo aquello que nos proporcione satisfacción; buscar nosotros la justicia si a ella alcanzamos, de lo contrario, avanzar sin mirar atrás, evitando sufrir por lo que quisimos que hubiera sido pero que jamas llegó a ser.

«La justicia es un viento helado que paraliza mi rostro, algo que percibo pero que no puedo controlar, un sentimiento que flota en el mundo pero que nadie alcanza a ver. Karma y reparación, sinónimos de miedo y de la más profunda incomprensión, de la vida y sus misterios, de su avance en el tiempo que jamás se para en contemplar a la humanidad. Pues nada somos, sólo un insignificante peón más que puebla una parte absolutamente ínfima de su realidad material. Nos arrogamos el derecho de considerarnos algo en la vida y no alcanzamos a entender que ni siquiera un dios podría tener importancia en este infinito escenario en el que habitamos sin más».

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