• Las espinas del alma

Ofensas

Tantas espinas, tanto dolor, atacando nuestra mente, atormentando nuestro corazón. Grandes espinas que manan de las guerras, del terrorismo, de la hambruna, de la intolerancia, del odio y de la incomprensión, acompañando a otras muchas que destiñen con el mismo color. Seres que dañan a otros, a veces incluso amparados por reglas injustas que han de acatar los débiles sometidos a ese dolor. Siempre los  más indefensos sufriendo los designios de quienes los dominan, de quienes se creen en un estatus superior.

Observo el rostro de dolor infinito de las niñas sometidas a ablación, tan sólo el nombre me provoca rabia y rencor, la sangre mana de sus pequeños cuerpos al mismo tiempo que el odio cubre mi rostro y anega mi garganta ahogando mis palabras en un océano de incomprensión. Sometidas al control de los hombres que destrozan su cuerpo en nombre de un honor que ellos jamas conocerán, pues es el honor un termino que sólo acepta palabras de respeto y honestidad, jamás dañar a los más débiles y sumirlos en el pozo del dolor y del miedo terrible y descorazonador. Padres que venden a sus hijas, que las ofrecen al mejor postor, con el excusa de mejorar la vida de esa niña y proteger su futuro de una vida libre en su elección, como si ello fuera un mal que aqueja a la sociedad, como si disponer una joven de la parte que controla de su futuro fuera un pecado capital. Hombres que se desposan con niñas y que las utilizan como si fueran una mujer, obligadas al sexo y a situaciones que no están preparadas para conocer, pequeños cerebros que no aciertan a comprender, mentes que sólo deberían tratar de jugar, de sonreír al mundo mientras cantan junto a sus padres una canción de esperanza y bondad. Golpeadas y vejadas, humilladas y violadas, por qué esta espina que se clava en mi alma, por qué existe en el mundo tan extrema maldad. 

Pienso en la tortura, en ese sumidero de odio y poder, en ese infierno que el hombre crea y que no sé muy bien por qué. Qué lleva a ello, cómo es posible tal mezquindad, qué obliga a una mente a maquinar formas horribles de dolor. Pienso en el sufrimiento espiritual de quien va a padecer ese odioso momento de pasión. Personas que viven para aplicar dolor, así calman su instinto profundo que les proporciona satisfacción, qué diferentes son los hombres cuando unos aplican y otros calman el dolor. Tanta tortura en la historia pasada, tanta que me hace vomitar, pero más vomito cuando reparo en que aún se practica el tormento en tantos lugares en los que mora la humanidad.

Tantas ofensas a la persona, demasiadas para comprender que en este mundo existe la bondad, demasiadas pera confiar en que se impondrá un futuro de fraternidad. Millones de violaciones, millones de seres agraviados con una acción que trata de imponer una lacerante superioridad. Niños, niñas, mujeres, incluso hombres también, nadie se salva de esta espina que por siempre llevarán. La mirada del violador yace en su víctima como la de un cobarde depredador, ofendiendo al débil para su sucia satisfacción. Imagino a un niño violado y algo en mi interior estalla en mil pedazos de rencor, deseo el mal a quien lo hace, que le suceda lo peor. Seres construidos con la suciedad que se desprende de nuestra condición humana, que se alimentan del dolor de los demás, que portan corazones negros, tan oscuros como ese infierno que merecerían habitar.

Personas que dañan a otras sin aparente explicación, hay que profundizar en su mente para hallar el motivo de tan extrema maldad; pero no me importan los motivos, saberlo no aplaca la ira que provocan esos seres que viven para el mal, que no sienten odio por lo que les proporciona satisfacción. Me arrepiento de pertenecer a vuestra especie, desearía que jamas hubierais llegado a nacer, así el mundo no sufriría vuestros males y vuestra perversión, no eliminaría las espinas de las almas pues ya la vida muchas nos aporta pero me apena ver que nosotros mismos aplicamos tantas espinas como el propio mundo y el insondable destino al que a cada persona ha de abocar.

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