• Las espinas del alma

Prefieren la miseria

Prefieren la miseria entre la basura de la ciudad que vivir este momento que amenaza sus vidas de un modo aterrador.

Al final, la visión de la muerte ante nuestros ojos, rompe el embrujo de cualquier ilusión; todo cuanto deseamos cae como un castillo ante las armas de un ejército infinito, no sostiene ninguna de las razones que esgrimíamos para resistir. Veo a los hombres y mujeres tan juntos, con esas expresiones de horror al contemplar la horda de muertos que brotan de la tierra y comprendo que la fuerza muere en el reino del terror, entiendo que la promesa de un final doloroso es la antesala del arrepentimiento y de la contemplación de nuestra triste realidad. Pero no nos avergonzamos, no mientras nuestra vida en peligro esté, pues tan sólo deseamos que nuestro instinto primario deje de atormentarnos por no poderlo cumplir. Siempre ese instinto, enraizado profundamente en nuestra humanidad, es parte de nuestro cuerpo, tan dentro, tanto que no lo podemos extirpar. Déjame caer de nuevo en el olvido, nada necesito como destino, nada quiero si mi vida veo peligrar, sólo deseo respirar, continuar sintiendo que la vida me porta entre sus brazos, sea lo que sea lo que decida dañar.

«Lluvia interminable de agua sucia, lluvia de barro que anega nuestros ojos y nos impide contemplar, así es la vida que vivimos, así es en esta infecta ciudad. No concibo la brisa limpia, no en mi vida aterrada que me lleva a mendigar, a pedir entre hombres crueles que me miran con desdén. En mi nació la rebeldía, colmo un cáncer que en mi alma brotó, pero fui conducido a un reino de terror, donde el mal permanece en el aire, donde bajo la tierra aguarda la horda de Satán, donde mis sueños se rompen en mil pedazos que no podré recomponer. Pero esos trozos nada importan, nada pues la muerte veo aparecer, allí está, obsérvala, quiero alejarme y volver a mendigar, sí, pues es mucho mejor sentirse vivo que enfrentarse a lo que aún no estoy preparado para que me deba acontecer. Quizá nunca llegue a ese estado de nada importarme, ni mi muerte ni lo que me haya de suceder, sin embargo quiero seguir vivo, llegado el momento, me temo que ya lo padeceré.»

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