• Las espinas del alma

Presentaciones

-Te saludo, bruja, llevo tiempo deseando hablar contigo, hay muchas cosas que quiero preguntarte, que te quiero comentar, circunstancias que no comprendo y otras que me las has de aclarar.Tantos personajes que sufren en esta historia, tantos… incluso tú, eres una mujer de gran fuerza espiritual pero el miedo ha depositado su sabor amargo en tu boca muchas veces, no lo puedes negar.

-¿Acaso me has visto negar? El miedo es un sentimiento natural, la respuesta a nuestros instintos cuando se ven amenazados de verdad

-Tú no siempre fuiste tan fuerte, creo que fueron los seres deformes quienes te acabaron de hacer así, quizá esa fuerza yacía latente en tu alma y se mostró altiva cuando la conseguiste liberar. ¿Cómo eras antes, bruja, como actuaba la mujer que antaño fuiste, cuánto temor albergaba tu corazón, cuánta bondad desprendías, cuánto mal, cuántas historias qué contar?

-Mis historias no eran muy diferentes a las demás, historias de vida, algo natural, conociendo el mundo, conociendo a los hombres, conociendo las reglas de este juego infernal, sí… y también intentando conocer lo que es el amor.

-¿Intentando conocer el amor, bruja? ¿Lo conseguiste?

-Por supuesto que no, ese sentimiento no existe, hombre, es tan sólo una pose para obtener lo que anhelemos, una pose fingida que nos aporta alguna otra satisfacción. El amor es egoísmo, tantos años de vida y tantas experiencias sufridas me aseguran que no estoy en un error. Únicamente lo que un progenitor siente por un hijo se puede llamar amor, pero es el egoísmo que nos lleva a satisfacer nuestro instinto quien nos hace sentir esa sensación. Está programado, así lo veo, es la naturaleza quien mueve las piezas para que el puzzle no se derrumbe jamás. 

Me preguntas cómo era yo antaño, hombre, quieres saber pero nada especial te podría decir; sólo una mujer que intentaba abrirse camino sola en ese mundo de hombres que abanderan la crueldad. No quise entregarme a ninguno, fui en contra de la sociedad, en contra de lo que las normas dictan acerca de cómo una mujer debe actuar. Por ello fui considerada bruja, por ello fui acosada y expulsada de tantos lugares en los que no me dejaban estar. Por ello contemplaste mi huida hacia las montañas y hacia aquella cueva en la que habitaban esos seres impregnados de maldad.

-Me apena ver la perversión que domina al mundo, bruja, me apena que a ti te hubiera de alcanzar, te veía como un ser del que nada habríamos de temer, una mujer que sólo trataba de ayudar, con palabras y consejos, con esa cálida mirada que manaba de tus ojos verdes como bello cristal.

-Dime hombre, ¿realmente sufres por la maldad que acecha en este mundo plagado de odio y rencor?

-Así hago, anciana, sufro al contemplar que el mundo se dirige a negras simas de las que no podrá salir, a lugares ignotos en los que las lágrimas sean el único camino para recordar que alguna vez existió la humanidad. Si algún dios creó el mundo, si alguna divinidad generó este universo maldito, no tuvo en cuenta el amor, no recordó que con una creación así daba pábulo al dolor. Su arrogancia no quiso aceptar que todo esto que tenemos es un tremendo error, pues caminamos con pasos furtivos y temerosos en campos de odio y rencor

-Javier, es la primera vez que pronuncio un nombre, lo sabes, pero quiero en ti personalizar… no te das cuenta de que nuestro dios eres tú. Tú creaste este pequeño gran mundo en el que nos introdujiste, a mí y a esas personas de las que me quieres hablar, las situaciones y sus miedos los has generado tú, las maldades, torturas , batallas y muertes son obras tuyas, hombre, obras malvadas que no merecen perdón. ¿Por qué no creaste un mundo bello como el que dices desear? No eres mejor que ningún otro dios, tan sólo aportas oleadas de mal y la semilla del rencor. Nunca reniegues ni culpes a un dios de crear un universo con estas reglas malvadas que nos ofenden, no lo hagas pues tu acción ha sido peor, sabes lo que padecemos pero lo has querido mostrar, crear personajes que sufran la violencia y conozcan demasiado de cerca el mal.

-Entiendo tus palabras, bruja, de ello no me voy a defender pero tampoco a disculpar, nadie desea saber historias bellas de los demás, prefieren rasgarse las vestiduras sintiendo lástima de seres que sufren hasta el final. No hay literatura en lo bello, no hay literatura en una situación banal, no en una historia cuyos personajes sientan la felicidad de modo más intenso que quien les pueda observar.

-¿Acaso es más importante la literatura que el sufrimiento de los demás? Recuerda que tú me hiciste anciana y enferma, que a la niña arrebataste a sus padres y al mendigo sus deseos de luchar. Creaste seres deformes y arrancaste las vidas de tantas personas cuyo único anhelo era poder vivir y quizá prosperar. Deseo odiarte pero no puedo, siempre comprendo que el egoísmo es lo que mueve nuestro mundo y el de cualquier persona en particular, hiciste lo que tu alma deseaba, lo que te dictaba tu razón. Quizá eres un ser atormentado, quizá un mundo feliz no desees contemplar, ¿quizá la lástima que sientes sea por ti, por no padecer lo suficiente por los demás? No sé… creo que a ti también te hubiera hecho cruzar el umbral.

-Bruja, tú también juegas a ser diosa, así veo tus decisiones de llevar a gente tras el umbral.

-Puede ser, puede ser… mi egoísmo también me lleva a tejer las redes que me hayan de sostener, jamás negué mi humanidad.

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