• Las espinas del alma

Traición del líder de asesinos

El  nuevo líder de los asesinos conoce a la bruja cuando entra en su choza; allí tan sólo ve a una mujer anciana con marcas en su rostro, marcas de vejez y de alguna incurable enfermedad; esa aparente debilidad le provoca un indudable deseo de dominar, de demostrar que su arrolladora presencia debe hacer temblar a esa mujer débil y rogar por su vida a pesar del dolor que le fuera a proporcionar; quería sus ojos, arrancárselos sin piedad, por esa belleza que desprenden, por ese brillo verde que refulge y atenúa esos rasgos desoladores que exhibe en su rostro ajado por el tiempo cruel. Pero la bruja pronto le demuestra que esa aparente seguridad no es sino una mascara que oculta su verdadera personalidad, su esencia miserable y cobarde que sólo le lleva a dañar a seres débiles carentes de voluntad.

Por qué entra sólo es un misterio, quizá la bruja controla sus pasos y los de su horda atrayéndolos a su hogar y decidiendo quién se detiene y quién posee la curiosidad y la determinación de entrar, quizá hasta ese punto su poder tenga potestad, pero la bruja es poderosa, quizá pueda hacer eso e incluso más. Cuando controla sus impulsos le hace mostrar el contenido de sus deseos, desnudar su alma para comprender qué es lo que anhela en realidad,,, y allí lo puede ver pues en sus ojos ya transparentes puede sentir que la aceptación total de las personas es lo que quiere, elevado al punto del reinado o incluso la divinidad. 

Para conquistar ese anhelo debe a sus hombres traicionar, llevarlos a la muerte en las montañas cercanas que ocultan un ejército sin igual, poderoso, que defiende parte del reino de Satanás. Son sus hombres, aquéllos con los que cabalga, con los que vive y con los que mata, con los que comparte historias de dolor y muerte que los heraldos quizá algún día deban relatar. Pero la visión de su destino es más fuerte que el aprecio a sus camaradas, son asesinos y ningún sentimiento de apego parecen albergar, ni ellos ni su líder, sólo así se comprende que fíe sus sueños a la promesa de una bruja sin importarle el elevado precio a pagar. 

Me pregunto si esta acción de traición es privativo de los seres de increíble maldad, quizá cualquier persona por los efluvios de sus más íntimos sueños se dejaría llevar, quizá lo harían si creen ver una oportunidad; es el egoísmo, ya sabemos, aquél que mueve el mundo y los deseos de toda la humanidad. Nada importa la vida de otros seres pues quien traiciona no siente sus alegrías ni sus penas, son compañeros de viaje a los que podemos abandonar, no justifico a este hombre traidor, sin embargo, esta acción no es lo peor que ha hecho en su mundo tan pleno de dolor.

«Traición suprema que reclama un elevado precio a pagar, traición que se erige en el alma de aquél que desea sus sueños materializar, progresando sin miedos, contemplando la muerte como un fin al que llegar, de sus hombres, de sus vidas, de sus acciones malditas que aportan tanto sufrimiento a seres que a nadie importan, ni sus penas ni su soledad. Ese fin que habrá de llegar, ese destino que aguarda voluptuoso a que ese hombre lo tome y lo posea, que disfrute de su esencia quizá para la eternidad. La traición se consuma pero no la promesa que habrías de alcanzar, tan sólo la muerte, tan sólo la oscuridad, tan sólo los aceros penetrando en tu cuerpo mientras preguntas al cielo en qué falló el control de tus sentimientos y por qué albergabas sensaciones que jamás llegaste a encontrar. Quizá no fueron buscadas, quizá alguna fuerza superior en el peor momento te las proporcionó…y aquí yaces, en las puertas de la nada, aguardando para entrar, aquí está tu lugar, aquí entre las almas que aplastaste para que tu vida pudiera avanzar, las de tus hombres y las de tus víctimas, todos ellos sin duda te harán pagar».

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