• Las espinas del alma

Umbral

-Hay muchas circunstancias que me fascinan en tu historia, bruja, pero es el umbral lo que más me hace pensar, esa puerta a un mundo preparado por ti para que aquellas personas a las que haces cruzar obtengan lo que anhelan o, simplemente, lo crucen para ayudarte en tu misión a cambio de algo que necesiten para su devenir vital. Quisiera saber cómo nació ese poder en ti, de qué manera descubriste lo que podías llegar a conseguir.

– El umbral no lo creé yo, hombre, en la casa se hallaba la puerta a esos mundos que consideras preparados por mí. En aquella casa a la que los seres deformes me enviaron, aquélla cuyo camino me señalaron como lugar a llegar. Bebí su sangre y muchos poderes acudieron a mí, mayor fortaleza de mi alma, el presente y el pasado contemplar y entender los resortes que controlan el paso a través del umbral. Preparar el escenario de ese otro mundo o simplemente dejar que continúe igual, plagar de voces los cerebros de los remisos o sus deseos de saber apaciguar. Traer batallas a las puertas si necesario fuera, de eso el anciano supo bien, pues tras cruzar la puerta la batalla de las sombras halló; junto a la puerta digo, para que su hija tras cumplir venganza con él pudiera en mi choza entrar.

-Te lo dije antes, bruja, eso parece la acción de un dios, sin embargo, nunca he visto a una divinidad crear milagros y magia como he visto brotar de tu interior. Si en Dios no creo, no veo motivo para dudar de ti ni de tu fuerza, de tu serenidad ni de tu determinación, de tus actos ni de tu amor. Tan sólo tu mortalidad te aparta de la pura divinidad

-Un Dios es mortal, hombre, su existencia depende de la fe. Ya sabes, si nadie cree, se desmorona su poder.

-¿Y esa capacidad para contemplar los anhelos de las personas? Veo tus ojos girar sobre sus propias órbitas y quedar en blanco para acabar en esa transparencia que martirizan la razón. Algo te ha convertido en un ser diferente, quizá te ha desgastado esa humanidad y te ha llevado a ese estado divino del que no deberás renegar.

-Soy una mujer, nada más, tan mortal como tú y como todos los demás. Que no te asuste lo que no entiendas, el poder que poseo es mental, de mi voluntad, penetro en las mentes de los hombres y abro sus puertas de par en par, allí contemplo sus anhelos, allí percibo lo que desearían llegar a lograr. Quizá decida hacerlo realidad, quizá no, todo depende de lo que mi conciencia y mi necesidad dicten, nada más. 

-Pero no los ayudas tras el umbral, quizá no puedas, quizá en ese mundo no debas actuar

-Tras el umbral reina el alma falible de los hombres, están sujetos a error como en la vida real. También yo, hombre, allí nadie vela por nuestra seguridad, allí puedes vivir o morir, allí el éxito te puede sonreír, así como el fracaso que puede predominar y tu vida destruir. Yo tras el umbral estuve con la bestia, con la mujer bella y con el mendigo, contemplando la batalla de los guardianes del cementerio con el ejército invencible de Satán. Todo pudo pasar, la historia avanzó hacia el lugar que deseaba pero igual pude fracasar.

-Tu actitud tras el umbral desprende la misma fuerza que en la vida real, manejaste la situación con una gran valentía y sin margen de error.

-Así hice, era una historia que debía ganar, me jugaba mi vida, mi futuro y las cosas que pretendía obtener

-Tras el umbral proporcionaste a un anciano decrépito un vigor sin igual, convertiste a una niña en una mujer de belleza celestial, hiciste olvidar el pasado a una mujer cuya tristeza ahogaba su realidad, incluso a su propio hijo dejó de recordar… y más cosas hiciste, bruja, ya sabes, aquello de lo que ahora no debo hablar. Quisiera conocer la esencia del umbral, entenderlo, intentar encajar sus mecanismos desde un punto de vista racional.

-Es brujería, hombre, magia y artes que no están al alcance para cualquier mortal. No intentes entender todos los misterios de la vida, para nada sirve tanto conocer, nada cambiaría tu vida y, si lo hace, no sería para bien. Vive del modo en el que una persona lo debe hacer, controla las parcelas que puedes dominar pero no entres en los dominios de dioses y nigromantes, no penetres en la mente de brujas y de seres con otro poder mental. Te servirá tan poco como a la mujer deforme le sirvió conocer el origen del universo y el futuro de la humanidad. Tu vida es efímera, para qué podrías querer conocer los secretos de la eternidad.

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